Mi historia

El deporte siempre ha formado parte de mi vida

El deporte ha estado presente durante prácticamente toda mi vida.

Antes de cumplir los 30 años practiqué judo durante unos 10 años, jugué fútbol y entrené kickboxing durante aproximadamente 5 años.

Con el tiempo, mis rodillas empezaron a pasarme la cuenta. Después de tantos años practicando deportes con mucho impacto, llegó un momento en que tuve que buscar otra manera de seguir entrenando.

Así entró el entrenamiento con pesas en mi vida.

Lo que empezó como una forma diferente de mantenerme activo terminó convirtiéndose en una parte fundamental de mi vida durante más de 30 años.

Más de 30 años entrenando

Desde entonces he seguido entrenando mientras mi vida me llevaba por distintos lugares del mundo: Taiwán, República Checa, China, Países Bajos y, finalmente, Chile.

Cambió el país, cambió el gimnasio y cambió mi vida, pero el entrenamiento siempre siguió conmigo.

Frans, alrededor de los 35 años

Empezar con pesas es fácil. Entrenar realmente bien es otra cosa.

Cuando empiezas a entrenar con pesas, puede parecer bastante sencillo: eliges un ejercicio, mueves un peso y tratas de hacerte más fuerte.

Pero con los años aprendí que hacerlo realmente bien es mucho más complejo.

La técnica, la biomecánica, la ejecución, la conexión mente-músculo, la calidad del estímulo que recibe el músculo, la intensidad, la progresión, la recuperación y la adaptación del programa influyen en el resultado.

Y cuanto más aprendes, más entiendes cuánto queda todavía por aprender.

Después de más de 30 años entrenando, sigo aprendiendo. Para mí, la experiencia no significa pensar que ya lo sabes todo. Significa estar dispuesto a observar, cuestionar, aprender y ajustar continuamente.

Mientras pasan los años, también cambia tu vida

Pero durante todos esos años no solo cambia tu forma de entrenar. También cambia tu vida.

Construyes una carrera, formas una familia, tienes hijos, aparecen nuevas responsabilidades y cambian tus horarios y prioridades.

Poco a poco también pueden cambiar tus hábitos. Algunas cosas se convierten en rutina simplemente porque llevas años haciéndolas de la misma manera. Y es fácil no darse cuenta de que esas rutinas ya no necesariamente trabajan a tu favor.

Al mismo tiempo, nuestro cuerpo y nuestro estilo de vida también cambian. Pueden cambiar nuestra masa muscular, nuestras necesidades energéticas y, sobre todo, cuánto nos movemos durante el día.

Vale la pena volver a mirar lo básico

¿Cuánto estoy comiendo?
¿Cuánto me muevo realmente durante el día?
¿Cómo estoy entrenando?
¿Estoy progresando?
¿Cómo estoy durmiendo y recuperándome?
¿Mis hábitos actuales todavía me están acercando a lo que quiero conseguir?

A mí también me pasó

Yo nunca dejé de entrenar.

Pero seguir entrenando no significaba automáticamente que todo lo demás estuviera alineado con lo que mi cuerpo necesitaba en esa etapa de mi vida.

Con los años había construido rutinas. Algunas eran buenas. Otras simplemente se habían convertido en normales.

Llegó un momento en que tuve que mirarme con honestidad y preguntarme si lo que estaba haciendo todavía me estaba llevando hacia donde quería estar.

Frans, antes de iniciar mi transformación.

Tener experiencia no significa que no necesites ayuda

A pesar de toda mi experiencia entrenando, decidí buscar coaching profesional y recibir acompañamiento de una de las mayores empresas de transformación física de los Países Bajos.

Para mí, eso no significaba empezar desde cero. Significaba exactamente lo contrario.

Después de tantos años entrenando, sabía que siempre existen cosas que puedes aprender, mejorar o simplemente volver a mirar desde otra perspectiva.

El proceso me hizo observar de una manera mucho más sistemática mi alimentación, mi entrenamiento, mi actividad diaria, mi recuperación y mis hábitos.

Medir. Observar. Evaluar. Ajustar.

Mi propia transformación

El resultado fue un cambio importante en mi propio cuerpo y, aún más importante, en mi manera de entender el proceso.

Pasé de aproximadamente 110 kg a alrededor de 85 kg, mientras seguía entrenando con pesas y trabajando para conservar la mayor cantidad posible de masa muscular.

Pero para mí, el aprendizaje más importante no fue el número de kilos perdidos.

Fue entender todavía mejor que un cambio físico sostenible no depende de una sola cosa.

No basta con comer menos.
No basta con ir al gimnasio.
Y tampoco se trata de hacerlo todo perfectamente todos los días.

Frans, antes y después de mi transformación.

Todo tiene que trabajar en conjunto

La alimentación tiene que apoyar tu objetivo.

El entrenamiento tiene que proporcionar el estímulo adecuado y seguir evolucionando a medida que tú evolucionas.

El sueño y la recuperación tienen que permitir que tu cuerpo responda al entrenamiento.

Y tus hábitos tienen que ser suficientemente realistas para funcionar no solo durante una semana perfecta, sino también cuando aparecen el trabajo, la familia, los compromisos, las vacaciones o simplemente un día diferente.

Porque salir alguna vez de tu rutina no es el problema.

De mi propia experiencia nació Andes Transforma

Andes Transforma nació de todo ese recorrido.

De muchos años practicando deporte y entrenando. De vivir diferentes etapas de mi vida en distintos países. De cometer errores y aprender de ellos. De recibir coaching profesional. Y de seguir estudiando y descubriendo cuánto se puede mejorar todavía en entrenamiento, alimentación, recuperación y hábitos.

Mi propia transformación terminó de unir todas esas experiencias.

Por eso Andes Transforma no se basa en una dieta milagrosa ni en un programa de entrenamiento genérico. Se basa en entender a la persona, su objetivo y su punto de partida, y trabajar sobre los diferentes factores que influyen en el resultado.

Tu historia será diferente a la mía

Cada persona llega con una historia diferente.

Diferentes hábitos, diferentes responsabilidades, diferente experiencia con el entrenamiento y la alimentación, y un cuerpo que responde de su propia manera.

Por eso no creo en aplicar exactamente la misma solución a todo el mundo.

Primero hay que entender dónde estás, qué quieres conseguir y qué factores están influyendo hoy en tu resultado.

Desde ahí podemos construir un camino que tenga sentido para ti.

¿Quieres descubrir cuál podría ser tu punto de partida?